Siempre se reprocha a Cannes un injustificado conservadurismo quizá porque cuesta apreciar la valentía de muchas de sus apuestas, tanto en la Sección Oficial como en las secciones paralelas. Este año el certamen está siendo valiente desde el principio, inaugurando con la atrevida The Dead Don't Die y presentando estupendas apuestas muy abiertas al fantástico como Bacurau, de Kleber Mendoca Filho o Atlantics, la bellísima película de Mati Diop. Pero claro, cierta crítica se refugia en el territorio de la seguridad destacando la "veracidad" de lo último de Loach o afirmando que no habrá ninguna película mejor en Cannes que Dolor y gloria. Digamos que el nacionalismo chovinista siempre está justificado, y más tras años sin tener representación española a concurso.
Lo de la Quincena de este año es espectacular, pues tras la excelente inauguración con Le daim, un Depuix de plena consagración y con un Dujardin inmenso, nos ha dado la aterradora Zombi Child de Bonnello (quizá la película de horror mas creíble de los últimos tiempos). Seguida de un Miike inmejorable, First Love, o la derivación de los estilemas narrativos del Yakuza, llega a una configuración muy propia del manga y que respira libertad por doquier.
El día tuvo un encuentro siempre emotivo con Jan Harlan y Katharina Kubrick para hablar de esa restauración en 4K de The Shining, o la presentación en la muestra Blood Window por parte de Sitges IFFC de la película Soy Tóxico, un peculiar survival apocalíptico argentino.
Para acabar de transitar por el otoñal Cannes, un Joe Carnahan de pura cepa como Boss Level, con Frank Grillo de héroe y Gibson de villano en un día de la marmota sangriento y violento con regusto a Tony Scott de los 90. No se puede pedir más.
Lo de la Quincena de este año es espectacular, pues tras la excelente inauguración con Le daim, un Depuix de plena consagración y con un Dujardin inmenso, nos ha dado la aterradora Zombi Child de Bonnello (quizá la película de horror mas creíble de los últimos tiempos). Seguida de un Miike inmejorable, First Love, o la derivación de los estilemas narrativos del Yakuza, llega a una configuración muy propia del manga y que respira libertad por doquier.
El día tuvo un encuentro siempre emotivo con Jan Harlan y Katharina Kubrick para hablar de esa restauración en 4K de The Shining, o la presentación en la muestra Blood Window por parte de Sitges IFFC de la película Soy Tóxico, un peculiar survival apocalíptico argentino.
Para acabar de transitar por el otoñal Cannes, un Joe Carnahan de pura cepa como Boss Level, con Frank Grillo de héroe y Gibson de villano en un día de la marmota sangriento y violento con regusto a Tony Scott de los 90. No se puede pedir más.

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