Once Upon a Time... in Hollywood ha despertado una expectación enorme en Cannes, algo que demuestra que aunque nos pasemos defendiendo ciertas películas banales y aburridas como importantes y determinantes, lo que a la mayoría importa son las obras de grandes creadores como Tarantino. Y es que el director de Pulp Fiction demuestra una vez más su capacidad de fabulación y que entiende el cine como instrumento de vida, una cábala capaz de transformar tiempo e historia. Filme de sueños hechos cine y cine en tiempos formados por neones, minifaldas, pop y películas añoradas de doble sesión y autocine, Once Upon a Time... in Hollywood es puro placer y grandeza cinematográfica.
La película de Tarantino ha provocado los inevitables traspiés de cierta crítica fosilizada y egocéntrica, que confunde su respetable decepción en titulares falaces, así como preguntas absurdas por parte de algunos cronistas americanos bien replicados por Tarantino. Además de Once Upon a Time hemos tenido a Bong Jon-ho y su extraordinaria Parasite, una nueva demostración de que al adormecido cine coreano actual solo lo despiertan los grandes de siempre.
En una fiesta celebrando el estreno de lo último de Oliver Laxe compartimos tiempo con grandes directores de festivales como José Luis Cienfuegos, o prensa de esa que enorgullece esta profesión como Imma Merino, Violeta Kovacsics y otros muchos. En el fondo, la triste y pobre pataleta provocadora de Albert Serra contra Juego de tronos, tan tópica como inmadura. O las sombras (más bien ruinas) de otro provocador en decadencia como Dolan, el enfant terrible que se ha quedado en eso, en terrible(mente) mediocre.
La película de Tarantino ha provocado los inevitables traspiés de cierta crítica fosilizada y egocéntrica, que confunde su respetable decepción en titulares falaces, así como preguntas absurdas por parte de algunos cronistas americanos bien replicados por Tarantino. Además de Once Upon a Time hemos tenido a Bong Jon-ho y su extraordinaria Parasite, una nueva demostración de que al adormecido cine coreano actual solo lo despiertan los grandes de siempre.
En una fiesta celebrando el estreno de lo último de Oliver Laxe compartimos tiempo con grandes directores de festivales como José Luis Cienfuegos, o prensa de esa que enorgullece esta profesión como Imma Merino, Violeta Kovacsics y otros muchos. En el fondo, la triste y pobre pataleta provocadora de Albert Serra contra Juego de tronos, tan tópica como inmadura. O las sombras (más bien ruinas) de otro provocador en decadencia como Dolan, el enfant terrible que se ha quedado en eso, en terrible(mente) mediocre.

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