Durante el pasado festival de Cine Low Cost de Barcelona, una de los temas que más llamaron la atención fue el de los nuevos fenómenos de interacción entre cinema, publicidad y crítica, entre ellos el llamado “hype”, consistente en la masiva expectación en torno a una película meses antes del estreno. Ejemplos de fenómenos “hype” los encontramos sin problema en los últimos años, siendo los más emblemáticos los que se crearon en torno a la nueva saga de Star Wars, que fue quizá la pionera a la hora de definir este procedimiento viral y reproductivo de crear marketing previo a un evento.
Lo cierto es que el hype es un tipo de marketing, muy centrado en productos de género con vocación fan o masivos, que ha conseguido rentabilizar franquicias de manera sublime, como es el caso de la nueva trilogia de Batman creada por Christopher Nolan. Tras una primera entrega (Batman Begins) que fue un éxito pero no estratosférico, la expectación por la secuela, El caballero oscuro, fue amplificada de modo casi obsesivo, a lo que ayudó la trágica muerte de Heath Ledger, el actor que encarnaba de modo magistral al Joker en la película. Curiosamente el hype de la saga Batman ha jugado a favor de la misma, pues la calidad y el éxito critico/popular de El caballero oscuro ha hecho que el inminente estreno de The Dark Knight Rises, la conclusión de la trilogia, haya adquirido efectos más que planetarios.
Sin embargo no siempre el hype funciona igual. Como procedimiento vivo, que depende de la opinión masiva de consumidores a través de redes de participación social como Facebook, Twitter y semejantes, si la película rodeada de excesivo hype decepciona, el efecto puede ser letal, no solo para la propia película, sino para las posteriores secuelas. Por ejemplo, la cierta (incomprensible) decepción que produjo The Matrix Reloaded entre muchos fans del original, no afectó a las recaudaciones de la misma (las más altas de la franquicia), pero perjudicó a las de la tercera entrega, The Matrix Revolutions, estrenada solo unos meses más tarde y que no pudo remontar un ambiente previo hostil heredado de su antecesora. En el caso de Prometheus, la cuasi precuela de Alien, el 8º pasajero dirigida por Ridley Scott, el hype previo ha sido brutal, combinado con una espectacular campaña viral (un método de fomentar la expectación previa que está alcanzado niveles de creatividad y vida propia incontrolables) pero Fox no ha calculado bien las dimensiones de la excitación previa en relación al producto. Mucho de ese hype inicial de Prometheus apuntaba hacia la película de ciencia-ficción definitiva, una especie de 2001, una odisea del espacio con tono Avatar. Sin embargo, la película de Scott es muy coherente con la propia saga Alien, es una historia de horror cósmico, de tonos lovecraftianos y tintes muy oscuros, violenta y desagradable, tremendamente pesimista que ademas juega peligrosamente con tótems de la saga con el peligro del rechazo de los fundamentalistas o “haters”. Asi, entre la clasificación R en USA y el cierto rechazo del público femenino, los resultados comerciales de Prometheus parecen estar por debajo de lo esperado, cuando son, en realidad, los más altos de la saga Alien. Un ejemplo típico de una sobredimensión del “hype”.
Lo cierto es que el hype es un tipo de marketing, muy centrado en productos de género con vocación fan o masivos, que ha conseguido rentabilizar franquicias de manera sublime, como es el caso de la nueva trilogia de Batman creada por Christopher Nolan. Tras una primera entrega (Batman Begins) que fue un éxito pero no estratosférico, la expectación por la secuela, El caballero oscuro, fue amplificada de modo casi obsesivo, a lo que ayudó la trágica muerte de Heath Ledger, el actor que encarnaba de modo magistral al Joker en la película. Curiosamente el hype de la saga Batman ha jugado a favor de la misma, pues la calidad y el éxito critico/popular de El caballero oscuro ha hecho que el inminente estreno de The Dark Knight Rises, la conclusión de la trilogia, haya adquirido efectos más que planetarios.
Sin embargo no siempre el hype funciona igual. Como procedimiento vivo, que depende de la opinión masiva de consumidores a través de redes de participación social como Facebook, Twitter y semejantes, si la película rodeada de excesivo hype decepciona, el efecto puede ser letal, no solo para la propia película, sino para las posteriores secuelas. Por ejemplo, la cierta (incomprensible) decepción que produjo The Matrix Reloaded entre muchos fans del original, no afectó a las recaudaciones de la misma (las más altas de la franquicia), pero perjudicó a las de la tercera entrega, The Matrix Revolutions, estrenada solo unos meses más tarde y que no pudo remontar un ambiente previo hostil heredado de su antecesora. En el caso de Prometheus, la cuasi precuela de Alien, el 8º pasajero dirigida por Ridley Scott, el hype previo ha sido brutal, combinado con una espectacular campaña viral (un método de fomentar la expectación previa que está alcanzado niveles de creatividad y vida propia incontrolables) pero Fox no ha calculado bien las dimensiones de la excitación previa en relación al producto. Mucho de ese hype inicial de Prometheus apuntaba hacia la película de ciencia-ficción definitiva, una especie de 2001, una odisea del espacio con tono Avatar. Sin embargo, la película de Scott es muy coherente con la propia saga Alien, es una historia de horror cósmico, de tonos lovecraftianos y tintes muy oscuros, violenta y desagradable, tremendamente pesimista que ademas juega peligrosamente con tótems de la saga con el peligro del rechazo de los fundamentalistas o “haters”. Asi, entre la clasificación R en USA y el cierto rechazo del público femenino, los resultados comerciales de Prometheus parecen estar por debajo de lo esperado, cuando son, en realidad, los más altos de la saga Alien. Un ejemplo típico de una sobredimensión del “hype”.
