ÁLEX DE LA IGLESIA PURO Y DURO: ‘LAS BRUJAS DE ZUAGARRAMURDI’



Me parece una gran noticia que una película tan valiente, divertida y honesta como Las brujas de Zugarramurdi sea numero 1 de taquilla, a pesar de que los números alcanzados no sean los deseados. En otros tiempos, esta estupenda película de Álex de la Iglesia hubiera pasado sin duda de los 3 millones sólo en el primer fin de semana. De la Iglesia vuelve de lleno a su forma de hacer cine personal y única, aquella que le hizo grande con títulos míticos como El día de la bestiaMuertos de risaLa comunidadCrimen Ferpecto y, aunque a muchos les pese, 800 balas o Balada triste de trompeta. Un cine adrenalítico, por la vena, sin cortapisas de corrección política y que provoca la carcajada pero también deja ese poso esperpéntico que siempre han contagiado los grandes de nuestro cine, desde Berlanga, Fernán Gómez o Regueiro.

Las brujas de Zugarramurdi integra a una generación de grandes intérpretes femeninas como Terele Pávez o Carmen Maura, el alfa y el omega de un nutrido grupo de diosas de la interpretación, e incluye un joven elenco encabezado por la imprescindible Macarena Gómez -que todo el mundo se entere ya lo grande que es esta chica- o Caroline Bang, que, mucho mas que una sex symbol -que lo es, y en la mejor tradición del cine español-, se ha convertido en una estrella de acción femenina como pocas se han visto en nuestra cinematografía y que rivalizaría con heroínas consagradas en el plano internacional como la Mila de Resident Evil o la Beckinsale de Underworld. Además, Álex da cancha a los chicos máhot del momento como Mario Casas y Hugo Silva, demostrando su capacidad para la comedia, así como lo bien que les prueba el fusil en la mano.

Las brujas de Zugarramurdi es divertida, bruta, sucia, plenamente genérica, desmadrada e incontenible. Puro furor de género español, un título necesario para no olvidar lo que ha hecho grande al fantástico nacional, ahora que en algunas cintas ciertos autores parecen domesticar y camuflar sus tendencias en anclajes de gravedad. Aplauso a De la Iglesia, vivan sus brujas y, de paso, a revisar Balada triste de trompeta, que ya era así de buena, y muchos ni se enteraron.

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