Dos semanas después de la clausura del 50 Sitges -
Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, las sensaciones como
director son muy positivas. En primer lugar estoy orgulloso de haber liderado a
un estupendo equipo de profesionales que han realizado un esfuerzo
extraordinario para poder conseguir la mejor celebración de un aniversario
histórico y una nueva edición de gran nivel.
Debo destacar que Sitges ha conseguido una estupenda
implementación de todos sus objetivos como festival. El primero, la
participación de su público en la propia
creación de las tendencias del género, impulsada por la interactividad a través
de post-screenings, encuentros con el talento y opinión a través de los medios
que desde el mismo Festival se han proporcionado o por ejercicio voluntario.
Esa tan comentada "nueva cinefilia" se ha convertido en un valor
sustantivo, no un simple grupo de entusiastas que aplauden o patean películas
en festivales, sino que diseccionan con pasión y rigor las propuestas de un
festival y seleccionan ya de entrada, mediante menús previos y un gran trabajo
de campo, la generosa oferta del festival. Después, la gran participación de la
industria, desde actividades de promoción del talento o de debate sobre la
situación del sector, consiguiendo que Sitges IFFFC esté, como nunca lo ha
estado, en una coordinación fértil y progresiva con todos los vértices de una
industria cada vez más concienciada con el género fantástico. Por último, la
crítica, siempre necesaria, pero cada vez más abierta, no ya por disquisiciones
teóricas como la tan traída "nueva crítica" (a través de artículos y
opiniones que coleccionan entrecomillados ante la falta de experiencia de
quienes teorizan), sino por una mutación de la misma en términos absolutamente
positivos. La creación de tendencias se desarrolla a través de una crítica ni
nueva, ni antigua, sino adaptada a unas nuevas corrientes de generación del
producto, donde el cronista tradicional aporta, desde un vacío producido por la
falta de apoyo de los medios, una visión que se llega a coordinar de manera
apócrifa pero efectiva con un tipo de reflexión más abierta, en relación con el
propio fenómeno fan y con resultados más interesantes. Así, Sitges IFFFC
apuesta y apostará por pases compartidos de prensa con público, abiertos a post-screenings, dando por (casi)
obsoletos formatos como las tradicionales ruedas de prensa y similares.
Sitges demuestra que se abre a nuevas formas de expresión
de un género que, lejos de estar en crisis o muerto (la nuevas tesis de ciertos
teóricos algo incapaces de comprender la amplitud y complejidad del mismo) se
expande espectacularmente, sin abandonar sus claves de culto, regenerando una
positiva memoria histórica del mismo y generando nuevas formas de expresión
como la realidad virtual o la ficción serializada a las que Sitges atiende y
atenderá con amplitud.
El Festival de Sitges es amplio, quizá inabarcable (como
todos los grandes festivales), su oferta exige una acción personalizada por
parte de críticos, espectadores y aficionados. Un festival que ha sabido
conjugar películas tan rompedoras como A
Ghost Story, con propuestas pulp
decisivas como Revenge o Mom And Dad, dando cobijo y cobertura a
estupendas apuestas de autor como Marjorie
Prime (la excelente película de Michel Almereyda) o Dawson City: Frozen Time, la magistral obra de Bill Morrison, un
autor fundamental en la reconstrucción y resurrección de materiales fílmicos
descartados. Morrison protagonizó una de los post-screenings más brillantes del festival, dejando que finalmente
Sitges descubriese en nuestro país a un autor fundamental y
conectase así género y ese tipo de cine destinado a museos que encierra tantas
claves para entender lo fantastique,
como ya ocurrió en tiempos pasados con Guy Maddin.
Sitges es un evento que este año ha alcanzado una gran presencia internacional con muestras en Los Ángeles, Corea del Sur, Buenos Aires o en París en el gran L'Étrange Festival. Su coordinación con foros similares internacionales, nacionales (ahí están las excelentes conexiones con Fancine de Málaga, la Semana de Terror de San Sebastián o Nocturna) y locales (una fértil coordinación con los festivales del TAC como Terrormolins, Cardoterror o Sabadell) consigue que su necesaria y enorme oferta circule con la necesaria validación por foros de gran valor y significación. Por todo ello, Sitges es el festival de género fantástico más importante del mundo, por los valores añadidos de certámenes y gente que, en todo el mundo, cree en el fantástico, entiende su evolución y ve en sus crisis, cambios y contradicciones síntomas de vida, no de regresión o de indescifrable teorización.
Sitges es un evento que este año ha alcanzado una gran presencia internacional con muestras en Los Ángeles, Corea del Sur, Buenos Aires o en París en el gran L'Étrange Festival. Su coordinación con foros similares internacionales, nacionales (ahí están las excelentes conexiones con Fancine de Málaga, la Semana de Terror de San Sebastián o Nocturna) y locales (una fértil coordinación con los festivales del TAC como Terrormolins, Cardoterror o Sabadell) consigue que su necesaria y enorme oferta circule con la necesaria validación por foros de gran valor y significación. Por todo ello, Sitges es el festival de género fantástico más importante del mundo, por los valores añadidos de certámenes y gente que, en todo el mundo, cree en el fantástico, entiende su evolución y ve en sus crisis, cambios y contradicciones síntomas de vida, no de regresión o de indescifrable teorización.

Esta edición para mi será inolvidable por haber descubierto Dawson City: Frozen Time. Y encima de la mano de Bill Morrison. Es algo por lo que te estaré agradecido siempre. Solo por descubrir esa joya, en un único pase en Prado, ya mereció la pena de sobra ir a Sitges. Gracias, Angel. Y enhorabuena por esta 50ª Edición.
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