Un año más, trabajando desde Hong Kong para traer a Sitges el mejor cine de género producido en Asia en este año. Sorprende el impulso que ha tomado de nuevo la industria de Hong Kong con un aumento significativo del número y calidad de las producciones. La acción urbana, las artes marciales, la fantasía y el terror destacan en el arco temático de las nuevas propuestas de una industria que quiere tener personalidad propia dentro de un difícil equilibrio con el propio competidor local, situado en la China continental. Es difícil distinguir entre qué es cine chino y el propio de Hong Kong, siendo la identidad una baza cada vez mas extraña en los nuevos blockbusters. El éxito masivo de filmes como Wolf Warrior 2, Monster Hunt 2, Operation Red Sea o Detective Chinatown 2 ha creado ya una fórmula algo impersonal que fagocita creadores y estilos poniendo en riesgo la propia personalidad del cine chino como el de Hong Kong. Directores como Soi Cheang o Dante Lam, que tenían una sólida carrera con personalidad, se diluyen en superproducciones como la saga Monkey King o la citada Operation Red Sea.
Y todo ello repercute en la distribución internacional, cada vez más global con estrenos fecha a fecha en medio mundo, cuando no directamente en Netflix, lo que cambia el panorama de presentación en festivales y pone en definitivo peligro la adquisición de productos por distribuidores especializados locales. Muchos de los grandes títulos del año de Hong Kong, China, Japón o Corea del Sur ya están adquiridos por Netflix, lo que determina una estrategia radicalmente diferente y una cierta problemática a la hora de programar festivales especializados en cine asiático. La globalidad y normalidad en una distribución internacional de estas cinematografías hace necesaria una nueva perspectiva de mercado, unas nuevas prioridades de programación en festivales y un horizonte donde no los viejos esquemas sino los más o menos recientes deben sustituirse por novísimas perspectivas. Y ahí tenemos la investigación de los canales más independientes, la búsqueda primaria del nuevo talento y la propia colaboración con los nuevos operadores líderes en nuevas formas de distribución. Nada será lo mismo en el mapa de la producción y distribución del cine asiático, así que habrá que procurar que ello sea para bien.
Y todo ello repercute en la distribución internacional, cada vez más global con estrenos fecha a fecha en medio mundo, cuando no directamente en Netflix, lo que cambia el panorama de presentación en festivales y pone en definitivo peligro la adquisición de productos por distribuidores especializados locales. Muchos de los grandes títulos del año de Hong Kong, China, Japón o Corea del Sur ya están adquiridos por Netflix, lo que determina una estrategia radicalmente diferente y una cierta problemática a la hora de programar festivales especializados en cine asiático. La globalidad y normalidad en una distribución internacional de estas cinematografías hace necesaria una nueva perspectiva de mercado, unas nuevas prioridades de programación en festivales y un horizonte donde no los viejos esquemas sino los más o menos recientes deben sustituirse por novísimas perspectivas. Y ahí tenemos la investigación de los canales más independientes, la búsqueda primaria del nuevo talento y la propia colaboración con los nuevos operadores líderes en nuevas formas de distribución. Nada será lo mismo en el mapa de la producción y distribución del cine asiático, así que habrá que procurar que ello sea para bien.

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