Quizá Nolan podría cuestionar esa necesidad del cine actual de revisar y actualizar contenidos, algo que ayer alcanzó relevancia en la Croisette con el pase del reboot de HBO de Farenheit 451. Se trata de una nueva vuelta de tuerca a la novela de Bradbury, no demasiado rompedora aunque bien dirigida y visualmente competente, donde destaca la poderosa interpretación de Michael Shannon como villano. Quizá esta actualización no haga olvidar la mítica (más que redonda) versión de Truffaut, pues tampoco aprovecha la coyuntura actual de la tecnología y solo da ciertas pinceladas distópicas de tono racista a lo ya expuesto por Bradbury o Truffaut. En un tiempo de crisis cultural y humanista, quizá este nuevo Farenheit debería haber ido más lejos.
Y sirva la película de HBO para ilustrar una errónea política de programación de Cannes en sus sesiones de madrugada este año, con películas interesantes pero poco disfrutables con sueño o cansancio, de tono excesivamente serio y sobre todo escasamente golfas. Bostezos y algún ronquido son el resultado más visible de dicha falta de punch en la elección.

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