Cannes 2018, Día 5: Experiencias visuales de ayer y de hoy

Ayer fue un día terrible a nivel atmosférico en Cannes pero estupendo en términos cinematográficos. Desde luego el protagonismo fue para la celebración del 50 aniversario de 2001: Una odisea del espacio, con Nolan presentando el evento al ser el responsable del trabajo de recuperación de la copia en 70 mm de la magistral obra de Kubrick. La proyección en el Debussy de Cannes fue inmensa, con un sonido fiel al original lleno de matices y grandiosidad y una imagen poderosa y cinemática. Difícil no soltar una lágrima de emoción al comienzo de la película, más cuando tienes que resistir tanta película vacía y petulante en un festival como el de Cannes. Evidentemente, los haters de Nolan ya atacaron la iniciativa, como si no tuviera derecho a ello, olvidando los continuos trabajos en este sentido de Scorsese o Nicolas Winding Refn. Pero parece como si algunos oyeran el apellido Nolan y sacaran el hacha de guerra cual rebelde mohawk. Por otro lado fue un placer reencontrarme con Jan Harlan, conocer a Katherina Kubrick y hablar juntos de los planes de Sitges sobre 2001, que pronto podremos anunciar.

También hubo cine provocador, único y de ese realmente es necesario para diluir la hipocresía buenista de mucho cine actual. Y ahí está Gaspar Noé con su estupenda Climax, viaje alucinante (y alucinado) al fondo de la mente, terror prologado por virtuosismo musical como pocas veces se ha visto en la pantalla. Muy superior a Love, Climax se coloca en la liga de Irreversible y Enter the Void y vuelve a avisar de la voz inconfundible de un autor enorme y europeo como Noé.

Y para cerrar el día, la vuelta a Mandy de Panos Cosmatos, en pantalla grande, pues pocas películas actuales resultan tan hipnóticas y fascinantes como esta pesadilla lisérgica y demoníaca a ritmo de rojos y de un Jóhannsson alucinante.

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