Cannes 2018, Día 6: Con Lars llegó el escándalo

Lars Von Trier vuelve a Cannes para asustar a los blandos de espíritu que se intentan apropiar del festival. Y eso es una buena noticia, pues la película del danés anima el panorama poco provocativo de la Sección Oficial con una declaración metalingüística y culterana en clave de psycho thriller cuasi místico. Pretenciosa, cruel, sádica, desagradable, ofensiva y excesiva, The House that Jack Built convierte esos calificativos en algo positivo, enfrentando a su propio creador a un espejo de imágenes que le conduce literalmente al infierno más "dantesco". Una película única de un genio del cine cuya raza está (desgraciadamente) en vías de extinción en favor de aburrimientos con hipócritas etiquetas de "necesarios".

Me sorprende el Lazzaro Felice de Rohrwacher, homenaje emocionante al cine italiano más grande, desde Rosellini a Pasolini pasando por los inicios de Fellini. Sutilmente fantástica, su mensaje algo obvio empalidece un poco su sublime apuesta estética y conceptual pero es, sin duda, una película notable. Al contrario, y sin ser para nada desdeñable, me decepciona algo el nuevo Hosoda titulado Mirai, algo alejado de obras maestras del anime como Summer Wars, Wolf Children o El niño y la bestia. E incluso lejos de otras producciones animadas recientes como Miss Hokusai, Mary and the Flower Witch o Lulu on the Wall.

En la fila para ver Blackkklasman de Spike Lee me pongo muy nervioso hablando del remake de Suspiria, aunque luego el joint del director me entretiene aun quedando lejos de obras como Do the Right Thing o La última noche. Aún así, es una alegría que Lee vuelva a la carga apoyado por Jason Blum y Jordan Peele.

Mañana veré Solo y lo digo por esos que van gritando por la Croisette lo innecesario de la presencia de la película en Cannes. Para mí, mejor Solo que tonterías aburridas que han hecho suya parte de la Sección Oficial en pos de reivindicaciones desacreditadas por la vulgaridad de las propuestas.

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