Al final, vía Quincena de Realizadores, Cannes dio a Carpenter el homenaje que merecía. Se hizo justicia y el genio del fantástico, que habitualmente suele rechazar este tipo de halagos en festivales de género, aceptó de buen grado el reconocimiento. Y es que Carpenter pareció disfrutar, como reconoció en charla pública en la misma Quincena, de una suerte de venganza contra los que durante años despreciaron su trabajo y el de otros grandes directores de su generación que se encargó de citar como Romero o Hooper, con una especial dedicatoria a Dario Argento, que apareció por sorpresa al final de la charla.
Carpenter fue lúcido en las respuestas, resultó simpático y cercano con el público e incluso optimista con el futuro y las nuevas generaciones, aunque no con la situación política de su país. Fue, sin duda, la estrella del día y una de las presencias más personales y carismáticas de este inicio del Festival.
Hubo más emociones fuertes en una segunda jornada donde asistimos a un pase privado de una de las películas más esperadas para los amantes del horror, pero de la que no puedo hablar por embargo de la productora... iríamos directamente al infierno, los tres que la vimos. Pero lo que sí puedo afirmar es que también pude ver una de las grandes películas de género de este año, una ciencia-ficción low pero intensa titulada Vivarium, dirigida por Lorcan Finnegan y presentada en la Semana de la Crítica. Una especie de episodio de Twilight Zone con toques de Black Mirror y que por momentos me recordó a La cabina de Mercero, con uno de los niños mas aterradores del cine contemporáneo. Se hablará mucho de Vivarium, y para bien.
Frío en Cannes, mayo poco primaveral, algo menos concurrida la Croisette aunque las colas para entrar a los cines siguen siendo de pesadilla. Y eso, pese a las mejoras, no cambia, porque quizá un Cannes sin la atmósfera de las colas y las horas interminables en ellas no seria lo mismo. Posiblemente las echaríamos de menos.
Carpenter fue lúcido en las respuestas, resultó simpático y cercano con el público e incluso optimista con el futuro y las nuevas generaciones, aunque no con la situación política de su país. Fue, sin duda, la estrella del día y una de las presencias más personales y carismáticas de este inicio del Festival.
Hubo más emociones fuertes en una segunda jornada donde asistimos a un pase privado de una de las películas más esperadas para los amantes del horror, pero de la que no puedo hablar por embargo de la productora... iríamos directamente al infierno, los tres que la vimos. Pero lo que sí puedo afirmar es que también pude ver una de las grandes películas de género de este año, una ciencia-ficción low pero intensa titulada Vivarium, dirigida por Lorcan Finnegan y presentada en la Semana de la Crítica. Una especie de episodio de Twilight Zone con toques de Black Mirror y que por momentos me recordó a La cabina de Mercero, con uno de los niños mas aterradores del cine contemporáneo. Se hablará mucho de Vivarium, y para bien.
Frío en Cannes, mayo poco primaveral, algo menos concurrida la Croisette aunque las colas para entrar a los cines siguen siendo de pesadilla. Y eso, pese a las mejoras, no cambia, porque quizá un Cannes sin la atmósfera de las colas y las horas interminables en ellas no seria lo mismo. Posiblemente las echaríamos de menos.


Comentaris
Publica un comentari a l'entrada